lunes, 23 de enero de 2012

Primer comienzo: La ausencia.

"El comienzo es cosa extraña. Si no reflexiono sobre ello, sé lo que es comenzar, pero si pienso en ello, entonces ya no lo sé."

Pues si, yo diría incluso que muy pocos se paran a pensar en cómo fueron sus comienzos y si lo hacen, es probable que los describan con sus primeros recuerdos, quizás añadan algunas historias sobre sí mismos que les hayan sido proporcionadas por sus padres o familiares, pero, aunque nadie lo pone en duda, lo cierto es que no podríamos contar nuestro comienzo real porque nuestro comienzo se inicia con una ausencia, la de nosotros mismos. Por supuesto que estamos allí, comenzando físicamente, pero de una forma en que jamás volveremos a estar, nuestra presencia ausente terminará en un plazo más o menos corto y ese estado de inocencia es el único que no podremos repetir. Dependiendo de nuestra capacidad para traer a la memoria las primeras vivencias conscientes el principio será más o menos lejano en el tiempo  y aún así no constituirá más que el inicio  de un relato interesado que llamaremos vida, y que sin dudarlo pensaremos que como tuvo un principio, tendrá un fin.

"Señoras y señores, imagínense que un buen día alguien llama a su puerta, que ustedes abren y entra un desconocido vestido de gris con una maleta en la mano, un hombre alto cuya apariencia refleja un tipo de pobreza decente. Si ustedes se imaginan vividamente una escena semejante, les podría pasar a partir de ahora lo que al narrador del inquietante cuento del "Libro de arena" de Jorge Luis Borges. Ese extraño, aparentemente un hombre escandinavo, se presenta como vendedor de biblias. Con motivo de una asociación de factores no aclarados, parece estar al corriente de que el anfitrión que le ha abierto la puerta de su casa en la calle Belgrano de Buenos Aires es un coleccionista de libros. El anfitrión aclara en seguida a su visitante que en realidad no son precisamente biblias lo que le hace falta. En realidad el ya posee muchas biblias inglesas, entre ellas la de John Wiclif, la de Cipriano de Valera, así como la Biblia de Lutero y un ejemplar de la Vulgata. El melancólico extraño calla durante un instante y replica que él no sólo vende biblias, y que puede mostrar al anfitrión otro libro sagrado que posiblemente suscitará su interés, una obra que ha comprado en los confines de Bikanir, en la India. De hecho, en el dorso del sorprendente y voluminoso libro se encuentran las palabras: Holy Writ, y sobre ellas el nombre de una ciudad: Bombay. El narrador abre el libro por un lugar arbitrario. La página del lado izquierdo lleva el número 40514, la página derecha que está al lado, en cambio, en número 999. Al pasar las páginas, se pone de manifiesto que el siguiente número de página se multiplica por ocho. El narrador cierra el libro y luego intenta abrirlo de nuevo en la misma página. En vano, las páginas que acababan de abrirse no se encuentran ahora, por mucho que él las pase una y otra vez. El vendedor de biblias le cuenta entonces en voz baja que él ha comprado semejante volumen en un pueblo de las llanuras a cambio de unas cuantas rupias y una Biblia. Su antiguo poseedor, un intocable que no sabía leer, le había dicho que este libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin. A continuación, señoras y señores, sigue el texto cuya historia quisiera que guardasen en su memoria. Escuchemos por unos momentos la voz del narrador citándolo directamente... "
De "Venir al mundo, venir al lenguaje" por P. Sloterdijk

Puede ser un buen momento para leer este cuento. Hasta pronto, esdedesear.