martes, 31 de enero de 2012

La laguna de la memoria

"Nuestra vida, en el caso de que sea un libro, no puede ser en ningún caso un libro infinito, ya que sabemos  que la vida con la que hemos de vérnoslas empieza con la concepción o el nacimiento y termina con la muerte.... Sin embargo, si me invitaran a contar mi vida y empezar por el principio... me sentiría incapaz de hacerlo, pues, por raro que pueda sonar, esta historia mía empieza con mi ausencia, o dicho más prudentemente, con la ausencia de mi recuerdo y bajo la pérdida de mi conciencia de haber estado presente"
De "Venir al mundo, venir al lenguaje" Por P. Sloterdijk

Hablábamos antes de la dificultad que tiene el ser humano de poder referirse a sus comienzos reales y el asombro que, en un momento dado, puede producirnos que siempre lo hayamos hecho como si verdaderamente los conociéramos, sin darnos cuenta de que, durante ese lapsus de tiempo y de memoria, por la ausencia de nuestra conciencia, quizás puedan haberse tramado los mimbres fundamentales de nuestra historia personal, porque lo que para nosotros es totalmente invisible, es, sin embargo, absolutamente público para otros seres  que desde el primer instante nos dirigen sus miradas y sus palabras, nos hacen su objeto, nos enredan en su propia historia y apoyándonos en ella barruntamos un relato que consigue taponar esa laguna en la memoria que jamás conseguimos cerrar del todo. Por eso la vida es hermeneútica, tratamos de comprenderla, de comprendernos, de encontrarnos a nosotros mismos, los alienados de nuestros comienzos.

Y en ese afán hermenéutico que llena de ímpetuoso impulso revitalizador algún feliz momento de nuestra vida, puede ocurrirnos como a  Oblómov, el famoso protagonista de la obra del mismo nombre del escritor ruso Goncharov, discurrir cómo y por qué somos como somos, como hemos llegado hasta aqui.
"...Pero yo, yo.. no soy como otros" dijo con tristeza y quedó profundamente pensativo.Incluso sacó la cabeza de debajo de la manta.
    Había llegado uno de los momentos más claros y conscientes en la vida de Oblómov
    Sintió miedo cuando surgió en su mente la idea viva y clara del destino humano, de su finalidad, cuando la comparó con su propia vida, cuando volvieron a su memoria, unos tras otros, diversos hechos pasados aleteando medrosamente como pájaros asustados, que hubieran despertado de pronto por un rayo de sol.
   Sintió tristeza y dolor por su falta de preparación, por haber detenido el desarrollo de sus fuerzas morales, por su indolencia, que era la causa de todo; le roía la envida al pensar que otros llevaban una vida plena, y que él, como pesada piedra, yacía tirado en el estrecho y mísero sendero de su existencia.
   Despertaba en su tímido espíritu la amarga conciencia de que muchas facetas de su naturaleza seguían dormidas aún, que otras apenas sí habían despertado y que ninguna había alcanzado un desarrollo total.
   Sin embargo, tenía la dolorosa sensación de que estaba encerrado en él, como en una tumba, un principio noble, luminoso, que tal vez ya estuviera muerto ahora o que yacía, como el oro, en las entrañas de la tierra , esperando, hacía tiempo, a convertirse en moneda de uso.
  Ese tesoro estaba profunda y pesadamente cubierto por deshechos y basuras. Como si alguien hubiera robado y sepultado en su propia alma los tesoros donados por el mundo y la vida. Algo le hagía impedido lanzarse a la vida y volar por ella, desplegadas las velas de la inteligencia y la voluntad. Un enemigo oculto había frenado con mano de hierro su andadura, arrojándolo muy lejos del directo destino humano.
  Y, al parecer, ya no podría salir de esa salvaje y solitaria espesura para llegar a un sendero recto. El bosque lo rodeaba por todas partes y en su alma era aún mas enmarañado y tenebroso; el despertar de su conciencia era cada vez menos frecuente y sólo por un instante daban señales de vida sus dormidas fuerzas. Hacía tiempo que su pensamiento y su voluntad estaban paralizados y se diría que sin remedio.
Su actividad vital había disminuido hasta un grado microscópico, pero ni aún así era capaz de enfrentarse a los hechos; no era él quien pasaba de unos a otros, sino eran ellos lo que lo llevaban como de ola en ola; por sí solo no tenía fuerzas para oponer a unos una voluntad firme o bien dejarse llevar por la razón frente a los otros. Esta secreta confesión ante sí mismo le producía gran amargura. La inútiles lamentaciones por la vida pasada, los ardientes reproches de la conciencia le zaherían como agujas; procuraba con todas sus fuerzas librarse del peso de esos reproches, hallar algún culpable al margen de su propia persona para dirigir contra ella su filo. Pero ¿contra quien?
....No llegó, pues,a determinar la causa; la lengua y los labios se inmovilizaron de repente a medio decir y quedaron tal como estaban medio abiertos. En lugar de palabras se oyó un suspiro más y a continuación resonaron el el aire los ronquidos uniformes de una persona que duerme apaciblemente.
El sueño detuvo el indolente y lento fluir de sus pensamientos y lo trasladó de inmediato a otra época, lo situó entre otras gentes y en otro lugar, a donde nosotros, juntamente con los lectores, lo seguiremos en el capítulo siguiente"

No he podido desechar una sola palabra ni fragmento  de esta bellísima exposición del estado de ánimo de Oblomov cuando inicia un despertar de la conciencia que, aunque tarde, va a poner en marcha su segundo renacer. Perdonad la extensión y que no sea mía la reflexión. Lo escasa satisfacción que buscaba mi ego literario se está batiendo en retirada ante las palabras de los maestros.
El sueño de Oblómov será verdaderamente esclarecedor, quizás ya lo conozcais, o lo leais en adelante si os pica la curiosidad. Pero en mi próxima entrada hablaré de él como esdedesear.