lunes, 16 de enero de 2012

El doble comienzo

"Señoras y señores, es justo aquí donde tropezamos con las huellas de la tradición poetológica más arcaica. Orfeo, el protopoeta griego, se siente tan desgarrado por la muerte de Eurídice que está incluso dispuesto a descender a los infiernos para pedir a los dioses que permitan que Eurídice abandone la oscuridad. Que el dolor que le mueve también es capaz de conmover a otros, se muestra en el increíble desenlace de la aventura; el mismo infierno no puede sino ablandarse ante tal petición. Con su arte Orfeo ha desplazado los límites de la muerte; recibe el inaudito permiso de volver a conducir a la amada muerta a la luz y al mundo de los vivos bajo la condición innegociable de que durante el regreso al mundo diurno él no vuelva la cabeza hacia ella ni siquiera un momento; mientras atraviese el reino de las sombras, no debe contemplar el objeto de su anhelo. Pero imponer a Orfeo esta condición significa exigir lo imposible al que pide lo imposible, toda vez que un deseo que no se ha dejado intimidar por el hecho de la muerte, tampoco podrá apenas obedecer la orden de no darse la vuelta para ver a la amada. En el deseo del poeta mítico se encuentra ya de antemano la incapacidad misma de someterse a la ley de la separación, una ley que encuentra en la muerte del otro su más dura expresión. Si la muerte no es ya por sí misma algo suficientemente poderoso para desalentar todo deseo hacia ELLA, también es demasidado débil la orden que le prohibe voverse prematuramente hacia la amada. Si Orfeo hubiera podido seguir la orden, no sería el mismo hombre que ha pedido para Eurídice la oportunidad de una segunda vida. No sería el poeta que entonó quejumbroso, el canto en honor de lo imposible ; desde el comienzo le habría parecido absurdo querer someter su voluntad a los dioses de las alturas y remover el submundo. 
Señoras y señores, no existe para la situación de la literatura imagen más poderosa que la de ese impaciente cantor Orfeo al encuentro del día, atravesando la zona de la muerte con una muerta casi viva a sus espaldas. Puede afirmarse con toda seguridad qu él no dejará fatalmente de volverse, e infringirá la orden ya sólo por el hecho de que infiltrarse en el mundo nocturno implica romper con todas las leyes de lo posible. El poeta es aquel que busca lo real en lo imposible...."

De "Venir al mundo, venir al lenguaje" por Peter Sloterdijk

Quise traer, hoy, en este nuevo comenzar (vida y literatura todo es lo mismo), este fragmento con el que junto a otra más amplia explicación, Sloterdijk inicia una bellísima argumentación sobre lo que él llama la poética del doble comenzar. "mi intención no es otra que plantear la pregunta de cómo se comienza a comenzar" Sloterdijk iluminó un día para mi una evidencia, la de que,  por mucho que volvamos la vista atrás en el recuerdo,  hay una etapa de la vida que está irremediablemente oculta y que resulta fatalmente decisiva sin embargo;  que lo que llamamos comienzo no es tal, que sólo cuando advenimos al lenguaje comienza el comienzo, pero un comienzo en el que ya hemos sido comenzados "solo porque estamos inmersos en  una historia podemos comenzar a contar nuestra propia historia..." Que ese comienzo oculto a nuestra memoria se inscribe en una separación, en una pérdida inicial, de la que nunca nos recuperamos suficientemente y cuya huella, travestida en deseo de reuníón, va marcando, repetitiva e inexorablemente nuestros destinos, "Orfeo tiene que perder lo que desea porque ya lo ha perdido. Sin embargo entre el haberlo perdido y el nuevo perder se abre espacio para la vida que corresponde al ser que respira, habla y desea. Es en este espacio donde oponemos resistencia a lo que es demasiado real y aprendemos a ser principiantes de lo imposible".

La feliz relectura de este libro me permitirá hablaros de algunas otras cosas en adelante, en una nueva incursión en lo imposible. Esdedesear.