viernes, 22 de junio de 2012

Entre la depresión y la razón: el crítico social.

" A medida que decrece el estigma social de la depresión, crece el estigma estético. No es sólo porque la depresión se ha puesto de moda hasta el punto de que se ha vuelto banal. Es la sensación de que vivimos en una cultura binaria reductora: o estás sano o estás enfermo, o eres operativo o no lo eres. Y esa limitación del abanico de posibilidades es precisamente lo que te deprime, tiendes a resistirte a participar en dicha limitación diciendo que estás deprimido. Decides que es el mundo el que está enfermo y que la resistencia a actuar en ese mundo es sana. Abrazas lo que los clínicos denominan realismo depresivo. Es lo que canta el coro de Edipo rey: "Ay ,¡ generaciones de hombres, para mi vuestra vida es una mera sombra! ¿Donde, donde está el mortal que logra más felicidad que la aparente y, después de la apariencia, el declive?" A fin de cuentas, sólo somos protoplasma, y algún día estarás muerto. La invitación ya sea por medio de medicinas, terapia o esfuerzo de la voluntad parece una invitación a dar la espalda a todas tus oscuras percepciones de la corrupción, el infantilismo y el autoengaño del McWorld feliz. Y estas agudas visiones son el único legado del novelista social que ansía representar el mundo no sólo en sus detalles sino también en su esencia, arrojar luz sobre el ojo moralmente ciego del torbellino virtual, y que cree que los seres humanos merecen algo mejor que el futuro de caprichos electronicos, a un precio atractivo que ahora mismo están preparándole. En vez de decir estoy deprimido quieres decir ¡Tengo razón!

Pero todas las pruebas disponibles sugieren que te has convertido en una persona con la que es imposible vivir y nada divertido hablar."

Extraigo estos fragmentos de la interesante colección de artículos que bajo el título "Cómo estar solo" (en la sociedad cultural) publicó Jonathan Franzen en el año 2002. Yo conocí a este autor a través de su famosa novela publicada el año pasado en España "Libertad", que leí con mucho placer.  Me alegra saber que después de rumiar  sus dudas (yo, en mi humildad hago el mismo análisis) acerca de si verdaderamente sirve para algo el escritor social, si  sigue teniendo interés hoy en día la literatura como crítica de la sociedad,  ¿por qué me tomo la molestia de escribir estos libros? .. no creo que todo lo que está mal en el mundo tenga remedio y aunque lo tuviera ¿quien me manda a mi, que me siento enfermo, ofrecer uno?- se pregunta-  finalmente se decidiera a escribir esa fantástica obra  "Libertad"  sin abandonar esa linea crítica que tanto le perturbaba.

Esas dudas son generalizadas entre los escritores con respecto de los improbables  intereses de sus audiencias, quizás sus expectativas son amplias, muy abarcantes, pero yo personalmente agradezco que lo sigan intentando. Asi podemos disfrutar tanto de gente como Philip Roth, al que él alude a menudo, como de él mismo Franzen. Esdedesear