jueves, 7 de junio de 2012

El amor en los tiempos de la prima de riesgo.

"...En el verano de 1985, dos veinteañeros se encontraban debajo de un saliente rocoso. Uno de ellos, de nombre Jürgen, era de Düsseldorf, el otro era un servidor. Nos habíamos conocido en la playa pocos días antes y hablábamos sobre un libro que yo había cogido de la biblioteca de mi padre para las vacaciones, un libro de bolsillo ajado y desteñido por el sol, cuya portada mostraba un templo griego y dos hombres ataviados con trajes griegos: "Los diálogos socráticos de Platón"...


El ambiente de las discusiones en las que intercambiábamos nuestros pensamientos apasionados dejó en mí una huella tan profunda como la del sol en mi piel...El interés y la pasión por la filosofía siguen vivos en mí desde los días de Agia Ana... Resolví estudiar filosofía... Sin embargo el inicio de la carrera en Colonia me deparó una decepción. Hasta entonces me había imaginado a los filósofos como personas fascinantes, cuya vida debía de ser tan excitante como su pensamiento, personajes imponentes como Theodor Adorno, Ernst Bloch o Jean-Paul Sartre. Peros esa coherencia ideal entre los pensamientos audaces y la vida intrépida se esfumó nada más ver a mis profesores: aburridos señores mayores que vestían trajes marrones o azules que semejaban la vestimenta de un conductor de autobús. ...Asimismo me pareció que los filósofos de Colonia no aplicaban a sus vidas la libertad de espíritu que ejercían en su profesión. Con todo, uno de ellos me enseñó a pensar; esto es, a preguntame el "porqué" de las cosas y a no conformarme con respuestas expeditivas. Me inculcó la exigencia de que mis razonamientos debían carecer de fisuras y lagunas, y que cada paso que diera en mis argumentaciones debía reposar fielmente sobre mi argumento anterior. ...Lo bueno de la filosofía es que no es una materia que uno termine alguna vez de estudiar; en rigor ni siquiera cabe calificarla de materia. Eso parecía hablar a favor de seguir en la universidad para ampliar estudios, pero la vida que llevaban mis profesores se me antojaba, como digo, de un insulso espantoso. También me descorazonaba la falta de repercusión de la filosofía universitaria. Los únicos que leían los artículos y los libros publicados por los profesores eran sus colegas, y en la mayoría de los casos lo  hacían úicamente para poder discrepar de las ideas expuestas. Finalmente los simposios y congresos a los que asistí como doctorando me hicieron abandonar toda ilusión respecto al afán de entedimiento de sus participantes. 


No obstante, las preguntas y los libros me han acompañado a lo largo de toda mi vida..."

Esto dice Richard David Priest en su libro ¿Quién soy y ...cuantos.Un viaje filosófico" y esto mismo digo yo y...aprovecho esta introducción del jóven filósofo alemán para traer a colación ese asunto del amor-odio-indiferencia que suscita en general al común de lo mortales,  la "filosofía" y que a lo largo de mi vida he podido comprobar por lo lógicos comentarios que muchas personas me hicieron sobre mi propio amor- pasión-afición
 En primer lugar, algunos dicen que siempre les despertó curiosidad y una cierta admiración, recuerdan por un momento con agrado alguna clase, o algún libro interesante que tuvieron en sus manos y lo olvidan al instante. Esos son los que directamente han frustrado una posible y exitosa inmersión en ella empujados por el estilo de los tiempos : "no hay que meterse en profundidades" ultimamente convertida en "no hay que rallarse", haciendo oídos sordos a su entusiasta murmullo interior.  Los del odio, en una manifestación expresiva de la negación freudiana, rechazan, con elocuentes justificaciones, seguramente aquello que creen que les va a ser difícil de comprender y sobre todo que supondrá un esfuerzo "heroico" que no merecerá la pena, aunque lo deseen,  incluso  más que los anteriores.  La indiferencia generalizada para mi es lo peor, lleva años apartando al hombre social de su autenticidad individual, se la menosprecia en el ámbito educativo y familiar,  esos ámbitos en los que precisamente  se debería enseñar el " sano pensar"  desde pequeños. Al tiempo que le proporciona pseudo instrumentos de navegación para la "auto-ayuda", le obliga a navegar en un mar de superficialidades, a contra corriente, contra su propia corriente. Porque las preguntas de la filosofía, aunque parezcan generalizadoras, los tópicos típicos ¿quien soy?, de donde vengo y a donde voy?, generan, al recorrer el paisaje de las muchas respuestas que a lo largo de la historia tantos pretendientes enamorados han dado, un bagaje de objetividad que se convierte  en la mejor compañia de la cotidianidad, te permite comprender, que sin exagerar es  tan necesario para los seres humanos  como el comer.

Para qué sirve?. Preguntan los que siempre la han considerado como algo inutil. Yo puedo decir que  ha sido lo más útil en mi vida con diferencia, y por contaros una sola de los muchísimas razones,  creo que gracias a ella podría vivir feliz  como Diógenes con solo un barril ¡Ahí es nada, tal como está la prima de riesgo! Esdedesear