viernes, 5 de noviembre de 2010

El optimismo del fracasado.

"Y allí, en aquel quiosco, en la pequeña mecedora de mimbre amarillo, un día se quedó cuatro horas enteras leyendo con creciente emoción un libro que había ido a parar a sus manos de manera medio casual, medio intencionada. Después del segundo desayuno, con el cigarrillo en la boca, lo había encontrado en la salita de fumar, escondido en un recóndito rincón de la estantería detrás de otros gruesos volúmenes; recordaba habérselo comprado a su librero habitual hacía ni se sabe cuánto tiempo a un precio de oferta, sin concederle gran valor...
Le invadió un sentimiento de satisfacción desconocido para él, profundo y agradecido. Era la incomparable satisfacción de ver cómo una mente privilegiada y superior se hacía dueña de esta vida tan dura, cruel y grotesca para someterla y juzgarla..., la satisfacción del que sufre, del que, dadas la frialdad y dureza de la vida, oculta constantemente su sufrimiento con vergüenza y mala conciencia y, de repente, recibe de manos de alguien grande y sabio el derecho fundamental y solemne a sufrir a causa de este mundo; de este mundo que supuestamente es el mejor de todos los mundos posibles pero que, como se demostraba con brillante ironía, es el peor de todos los imaginables. (...)
Le faltaban pocas líneas para terminar cuando, a las cuatro de la tarde, llegó la criada a través del jardín para llamarle a la mesa.... Sentía que todo su ser se había engrandecido de forma asombrosa y que una pesada y oscura embriaguez se había apoderado de él; su mente flotaba en una extraña nebulosa, fascinada por completo por algo indeciblemente nuevo, arrebatador y lleno de promesas que le recordaba al primer enamoramiento, tan anhelante y esperanzado. No obstante..."
* El libro en cuestión es, pues, "El mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer ( 1819) y el capítulo el 41 de los Complementos al Libro Cuarto, publicados en 1844 (citado según la edición de Roberto R. Aramayo; Fondo de Cultura Económica-Círculo de Lectores,2003. N. de la T.

De "Los Buddenbrook" por Thomas Mann.

En la edición que yo tengo (Editorial Porrúa, México 1987) de éste libro del admirado filósofo (admiración que tengo la suerte de compartir con Thomas Mann y al que le debo habérmelo hecho atractivo), Friedrich Sauer, no tiene una opinión tan favorable. Cree que no procedió científicamente al prescindir de investigaciones de la filosofía medieval, que es impreciso, que incurrre en contradicciones, y que una doctrina llena de contradicciones no puede ni ser verdadera ni contribuir a favorecer el conocimiento de la verdad, entre otras cosas. Estoy en total desacuerdo, en mi opinión es justo lo contrario. Quizás esta visión mía, tan personal, lo sea por esto que el mismo Sauer dice en su introducción "es un hecho que su doctrina encontró muchos partidarios, seguramente no entre los profesores de filosofía tan odiados por él, pero quizá entre todos los muchos hombres que de alguna manera fracasaron en la vida". Quizá, así sea. Puede que su doctrina no sea verdadera, ni me importa, ya no tengo muy buena opinión sobre la necesidad de poseer la verdad, pero lo que me niego es a seguir la estela de los que dicen que la doctrina de Schopenhauer es pesimista. Lo habrán leído concienzudamente pero, lo siento, no lo han entendido. Merece la pena comprobarlo. Esdedesear.