lunes, 30 de agosto de 2010

LA TRIPLETA



Agustín Perozo Barinas

“Al igual que ayer, como hoy, estaremos mañana”.


Las informaciones que nos dan los gobiernos de los partidos tradicionales que han desgobernado nuestro país desde 1966, esto es, el PRSC, el PRD y el PLD y que conforman la Tripleta –o Triple Alianza-, no nos indican claramente cuánto ha pagado íntegramente República Dominicana en amortizaciones de capital e intereses por los préstamos externos e internos que han manejado durante 43 años, y como corolario a ese informe el total de la deuda actual, sin retoques. Como ellos nos comunican que estamos mejor materialmente, es atinado preguntarse a qué costo. Winston Spencer Churchill dijo: “El vicio inherente del capitalismo es la injusta distribución de las riquezas; y el vicio inherente del socialismo es la justa distribución de las miserias”. Los infalibles economistas, financistas, banqueros y demás recetarios, tienen todo tipo de fórmulas, elucidaciones y proyecciones, sumado a un irrebatible juicio, que nos hace casi olvidar que de su clase nos llegaron los fraudes bancarios, tanto en nuestro país, como en las potencias mundiales, siendo muchos de sus protagónicos actores genios “brillantes” de las mejores universidades del Primer Mundo. Estos fraudes han potenciado la pobreza en el planeta de manera histórica y no aprendemos la lección. Estos intelectos, apoyados por estructuras políticas dominantes, recomponen su propio desbarajuste privilegiando los intereses que en principio generaron la debacle financiera. En nuestro caso, es la Triple Alianza la que sustenta esos marcos de poder. Y los ciudadanos, los que votan a favor y los que se abstienen en contra, validan su permanencia. Unos por acción y otros por omisión.

Cada partido tradicional se ha constituido en una forma de compañía por acciones, donde la ganancia, no el interés social, es su esencia primordial. Comprimidos estos tres partidos en la Triple Alianza, maniobran ahora como una corporación multinacional. Impersonales, insensibles, inhumanas. El lucro lo es todo. Y el Estado dominicano es la mejor ubre, sin dolientes. Desde apropiaciones ilegítimas de tierras, la adjudicación de distintos bienes públicos, así como la usurpación de recursos y activos corrientes en los ministerios y otras instituciones. Diariamente se denuncia tanta degradación del erario, pero si la cabeza de turno de la Triple Alianza no reacciona a favor del interés nacional, nada detiene a los depredadores. Los intocables mutiladores del futuro de bienestar de la sociedad dominicana. En Cándido, de Voltaire, leemos: “¿Creéis –dijo Cándido- que los hombres siempre se han dado muerte cruelmente unos a otros como ahora; que siempre han sido mentirosos, patrañeros, traidores, ingratos, pícaros, idiotas, ladrones, truhanes, glotones, borrachos, miserables, envidiosos, ambiciosos, sanguinarios, calumniadores, libertinos, fanáticos, hipócritas y necios?”. Hemos perdido el asombro en nuestra sociedad de hoy y el individualismo utilitario impuesto a la gente, como agenda existencial, retrata la realidad como en esas líneas de Cándido. Es ya tan común y de rigor enseñarle a nuestros hijos que desconfíen de todos. Y una sociedad con estos valores retorcidos no es la aspiración de muchos dominicanos que se sienten atrapados en esta aberración encarnada por la Triple Alianza. ¿Acaso no son suficientes los escándalos de corrupción? ¿Las impunidades? ¿Los odiosos privilegios de funcionarios y sus cortes con los que se burlan de una población desatendida? ¿Reclamamos mucho más para reaccionar?

Un politiquero demagogo de la Triple Alianza, es un monolito indolente. Las secuelas sociales de su accionar les son indiferentes. No reacciona ante la presencia de tantos dominicanos que desfilan con sus necesidades y privaciones ante él (o ella). El mal que obra, que perdura por generaciones, no lo intimida ni le importa pues se siente ajeno al mismo. Esa polilla que se asocia con sus iguales para priorizar sus intereses particulares, en una corporación de partidos corruptores y clientelistas, ha dañado, daña y aspira a seguir dañando a República Dominicana, con la búsqueda insaciable de sus propios objetivos y asegura en el poder judicial vigente ser absuelto in aeternum de toda culpa o señalamiento. Nuestro país se encamina a una revisión y renovación dramática del manejo del Estado. La velocidad de llegar a esos procesos la determinará la urgencia con que la crisis económica y el pesado fardo del servicio de la deuda acumulada haga insostenible cualquier pacto social con la Triple Alianza. Millones de dominicanos desesperados, desprovistos de sustento básico, protestarán en cada vez más frecuente avenencia. Los aparatos represivos también estarán expuestos a esta realidad con sus miembros en la más baja categoría de rangos con ingresos y posibilidades de bienestar muy restringidos. El asistencialismo clientelar que sostiene a la Triple Alianza con un 40% consolidado del universo sufragante nacional, cuesta mucho dinero al fisco. Es una estrategia muy costosa que no se puede mantener en el tiempo en gobiernos que asumen una política sistematizada de endeudamiento muy imprudente e irresponsable, y cuyo cumplimiento limitará los recursos para esta perniciosa práctica de compra de votos y conciencias, contra el auténtico interés colectivo. Sacudirse de esta Triple Alianza será un logro histórico para la sociedad dominicana, tan vejada, explotada, manipulada, exfoliada y malversada. Sólo allí, en ese terreno futuro de la conquista de la razón, la dignidad, la honestidad, el trabajo, el ahorro, la nobleza, la solidaridad y el decoro, podrá el pueblo dominicano empezar a esperanzarse en un nuevo destino. No de quiméricas ilusiones, sino el que la íntegra educación le señale para su efectivo desarrollo, como lo lograron otras naciones devastadas por guerras el siglo pasado y resurgieron de nuevo en su previa condición de potencias mundiales.

Aportar la denuncia comprometida, que se fundamenta en la pobreza evidente que nos rodea en toda la geografía nacional, es lo que pretendo. Así hay muchos(as) más indignados(as). Dispersos como estemos, el uso de las tecnologías de la comunicación nos conglomerará para endurecer una posición de oposición a tantos desatinos deliberados y orquestados por esos malos dominicanos a los que se refería el Padre de la Patria. La deuda financiera masiva que se heredará de la Triple Alianza, agregada a la deuda social acumulada, será una dura realidad para un proyecto político nacional que responda a los legítimos intereses de la nación. Pero no es irrealizable. Europa y Asia pudieron renovarse de los restos de las guerras pasadas. República Dominicana es rica –tomado en cuenta sus potenciales en relación a su tamaño-, pero es trágicamente rica, y es por ello que hay que regenerar y perfeccionar su administración. Napoleón Bonaparte expresó: “El necio habla del pasado, el sabio del presente, y los tontos del futuro”. Ya estamos en la hora y su tiempo...