miércoles, 4 de septiembre de 2013

La afición, esa transparencia.



"El tiempo había terminado enseñándome que no hay espejo más transparente que una página escrita. Es en ella donde queda testimoniada para siempre la verdad irreversible de su autor: su autenticidad si fue sincero y su falsedad si mintió. Ahí es donde los posibles lectores del hoy y del mañana lo sorprenden y lo juzgan, y es ahí donde él mismo, que se está buscando, acaba por encontrar una imagen semejante a él, o una ficción irremediablemente desfigurada.
Tendría, pues, que hacer todo lo posible para no dejar de mi una versión falsa, aunque fuese verosímil. Sabía que nadie es capaz de conocerse enteramente ni demostrarse enteramente. Somos animales miméticos que mediante su astucia y cobardía intrínseca se adaptan diariamente al color de las circunstancias; nos disfrazamos primero y nos analizamos después. Y además, nos torcemos en cuanto echamos raíz."
De "La Creación del mundo" por Miguel Torga

Cabe interrogarse acerca de cuales sean los motivos que nos apegan con un vínculo casi cercano al amoroso,  incluso más fiel,  a nuestras aficiones más queridas. Yo no lo he hecho nunca, tan natural me parecía. Es por eso por lo que  no lo hacemos, ni falta que hace,  porque las vivimos con la mayor naturalidad, son lo más incuestionable de nosotros mismos, forman parte del ser, no del pensar y por ello nunca las sometemos a esas dudas existenciales tan penosas que nos sacuden gran parte de nuestra vida del tipo:  ¿Quién soy?. Al menos, en cuestión de aficiones,  hay una respuesta "clara y distinta" como quería Descartes: yo soy ese que lee, soy ese que escucha música, ese que pinta, ese que restaura, ese que borda, ese que cocina, ese, en fin, que disfruta.

Pero este fragmento del gran autor portugués me hizo pensar. Nuestras aficiones, son un espacio de autenticidad, de verdad y, por ello mismo, de libertad, y como decía Bertrand Russell, de felicidad. "el que tiene una afición tiene asegurado el cincuenta por ciento de la felicidad"
Dice Torga que no hay espejo más transparente que una página escrita,. Lo mismo se puede decir de cualquier otra expresión artística, el aficionado descubre esa autenticidad y se aferra a ella, se procura una dedicación lo más prolongada posible, ambiciona su utilidad.


Mi afición, la más grande, "pura alegría", en palabras de Muñoz Molina, la que me acompaña desde niña es la lectura, como sabeis. Tengo, supongo que como cada lector, unos hábitos, unas rutinas, unas preferencias. Con la edad han ido cambiando, como yo misma. De joven mis elecciones eran arbitrarias, leía lo que caía en mis manos, desde clásicos hasta best-seller, en una especie de mezcolanza un poco inconsciente, sin una determinación clara, leer era lo que me gustaba, aún no sabía qué y qué no, ni por supuesto, por qué. Pasé por todas las etapas, desde los cuentos de hadas, los tebeos, los de misterio y aventura,  los propios de  adolescentes, las novelas románticas, los revolucionarios, los de moda...  y antes de distinguir en mi vocabulario ensayo de novela, solo  leía libros, libros que me llamaban desde los estantes de las librerías, de las bibliotecas... Libros que me gustaban por fuera y por dentro.  Luego la lectura se fue transformando en conversación y empecé a relacionarme con los autores, como en cualquier relación, por afinidad electiva, a llamarlos por sus nombres y atreverme a preferir unos sobre otros. A exigirle a los ensayistas que  enriquecieran mi ambición de conocimiento y saciaran mis ansias de libertad, y a los novelistas que crearan para mi los mundos imaginarios que más me gustaría habitar.

Las aficiones genuinas tienen una característica fundamental, nunca son tendencia, y si lo intentan, su devenir es efímero, los pseudoaficionados no resisten el embate, precisamente porque se trata solamente de un disfraz. Ni el pescador, ni el cazador, ni el cocinero, ni el lector, se hacen en un taller, cursillo, o club de lectura, según la moda. "Vengo porque así me obligo a leer", escuché decir.
La obligación es la respuesta a una orden, demanda, o imperativo externo. No parte de tu mismidad, de tu necesidad, de ese no se qué que... era cosa tan secreta que me quedé balbuciendo toda ciencia tracendiendo, (que me perdone el uso zafio de sus bellísimas coplas San Juán de la Cruz).  Claro que hay aficiones tardías muy saludables, no seré yo quien las denigre y además cualquier momento es bueno para descubrirse a sí mismo las potencias con que ha venido al mundo. La afición no se busca, no se persigue, es un subproducto. De esto de los subproductos quiero hablar en la próxima entrada. Esdedesear

PD. Ya que hoy va de libros proceden unas recomendaciones de lecturas recientes. Una novela "El coro de los maestros carniceros" de Louise Erdrich, me encantó. Un ensayo "Amo, luego existo" Manuel Cruz, estupendísmo.  Otra novela que leo actualmente y me está sorprendiendo "El mapa y el territorio" de Michel Houellebecq, una crítica de los ambientes artísticos contemporáneos y de la sociedad en general muy interesante y necesaria.