jueves, 2 de junio de 2011

Perder el tiempo.

"Hemos planteado la cuestión de saber si es posible narrar el tiempo, únicamente para confesar que ésa era precisamente nuestra intención en la historia en curso. Y si nos hemos preguntado, de paso, si los lectores reunidos en torno de nosotros se dan todavía claramente cuenta del tiempo que ha transcurrido...¿Cuanto tiempo había vivido Joachim con Hans Castorp hasta su partida?¿Cuanto tiempo habia vivido con él en todo y por todo? ¿Cuándo, ateniéndose al calendario, había tenido lugar su partida? ¿Cuanto tiempo había estado Joachim ausente?....
A todas estas preguntas. suponiendo que se hubiesen formulado, lo que, por otra parte, nadie hizo, y lo que él mismo tampoco hizo, pues recelaba sin duda el planteárselas- Hans Castorp no hubiera podido contestar más que dándose golpecitos con las yemas de los dedos sobre su frente; no hubiera podido decir nada justo, fenómeno tan inquietante como cierta incapacidad que había sentido desde su llegada y que ahora se había agravado, pues decididamente no sabía ya nada respecto a la edad que podía tener.
Esto puede parecer extraño, pero está muy lejos de ser sorprendente ni increíble, pues, en determinadas condiciones, eso puede ocurrirle a cualquiera de nosotros. Si estas condiciones se realizasen, nada podría impedirnos el perder toda conciencia de curso del tiempo y, por consiguiente, de nuestra edad. Ese fenómeno es posible, puesto que no poseemos ningún órgano interior para percibir el tiempo, y por lo tanto somos incapaces, desde un punto de vista absoluto, de determinarlo por nosotros mismos y sin ayuda de referencias exteriores, ni siquiera aproximadamente....

Hay en la tierra un concurso de circunstancias, de ambientes o de paisajes (si se puede hablar de paisaje en el caso que nos ocupa) en los cuales un tal confusión y un tal desleimiento de las distancias en el tiempo y en el espacio se producen, en cierto modo naturalmente y a justo título, progresando hasta una indiferencia vertiginosa, de manera que una zambullida en esa magia prodigiosa puede ser admitida al menos durante las horas de vacaciones. Nos referimos a un paseo a la orilla del mar, un estado del cual Hans Castorp se acordaba con la más viva simpatía, como lo que encontraba de nuevo en la vida sobre la nieve: el recuerdo de las dunas de su país. Esperamos que la experiencia y los recuerdos del lector nos servirán para hacernos comprender cuando evocamos esa maravillosa soledad. Se anda y se anda...Jamás se regresará a tiempo de semejante paseo, pues se ha perdido el tiempo y el tiempo nos ha perdido"

De "La Montaña Mágica" por Thomas Mann.

Recuerdo una anécdota que sucedía en un reportaje realizado en una determinada tribu muy alejada de nuestra cultura: a un hombre viejo le enseñaban los reporteros un espejo, y el hombre asombrado dijo: ¡No sabía que me había vuelto tan viejo!. No cabe duda de que el paso tiempo para aquel hombre estuvo desprovisto de una de las más tristes percepciones que nos acompañan a los que disponemos de espejos por doquier, la de contemplar cómo nos vamos envejeciendo y su terrible consecuencia, que Unamuno llamaba los yos ex-futuros, es decir el abandono de las posibilidades, lo que podríamos haber sido y no fuimos, lo que ya no nos da tiempo de hacer, y la consiguiente lucha por ganar esa batalla.
No cabe duda de que son las referencias exteriores las que nos dan la medida del tiempo que pasa, como dice Mann, y no cabe duda de que no tenemos un reloj interior que nos señale exactamente la hora en qué vivimos. Es fácil verlo por ejemplo con la lectura, con el cine, con los paisajes naturales, con el amor cuando nace, todos ellos nos permiten vivir en un tiempo o distinto o de distinta duración, o de ninguna duración. En ello consiste su éxito, su resultado es una sensación de presente permanente. El presente que no es tanto una medida del tiempo, un instante, como un estado del alma, que no anhela el pasado ni espera el futuro, es un espacio de inconsciencia pura del que nos apartamos constantemente urgidos por los "venenos mentales" de los que nos hablaba Matthieu en una entrada reciente de este blog.
Nos parece que una huída a la naturaleza es la recuperación del paraíso perdido pero el auténtico paraíso perdido se encuentra en nuestras mentes oculto detrás de los afanes por ganarle tiempo al tiempo. Perder el tiempo, solo hay que estar atento a qué clase de referencias nos buscamos para medirlo. Esdedesear.