miércoles, 18 de mayo de 2011

En defensa

"A partir de ese momento, el objetivo consiste en determinar con lucidez las causas de la desgracia y en ponerles remedio. Puesto que la verdadera felicidad no se reduce a una atenuación momentanea de las vicisitudes de la existencia, exige erradicar las causas principales de la desgracia, que son, como hemos visto la ignorancia y los venenos mentales. Si la felicidad es una manera de ser, un estado de conocimiento y de libertad interior, no hay nada que pueda impedir fundamentalmente su realización."

De "En defensa de la felicidad" Por Matthieu Ricard

"Decíamos ayer". Y espero que lo hayamos dicho con mayor inspiración de la que ahora mismo dispongo. No sé por donde empezar. En fin, ya que tenía este fragmento archivado para próximos comentarios, empezaré con él.

Con cierta frecuencia hago intentos de adentrarme en la filosofía oriental, quizás no tanto en la filosofía como en la doctrina filosófica de vida oriental, y tengo que confesar que todos mis intentos han sido fallidos, seguramente porque los intentos son superficiales y poco sistemáticos por mi parte, pero tengo que reconocer que siempre me dejan fría, no consigo enganchar. No me dicen nada que no haya aprendido con la filosofía occidental y sin embargo me ofrecen cosas muy singulares que difícilmente puedo aceptar. Así me ocurrió con "La paz interior, lecciones del Dalai Lama", o éste mismo que arriba os indico, en estos dos casos relativos al budismo, pero también me pasó con otros acercamientos a las variadas expresiones de la filosofía oriental.

A éstas alturas del camino parecen perfectamente asumibles sus verdades fundamentales: Que la vida es sufrimiento, que el sufrimiento procede del apego, que el apego puede ser vencido y que existe un camino para conseguirlo. Quizás esto último, lo del camino para conseguirlo sea lo que más me intriga, todo lo otro lo doy por bueno. Así Matthieu Ricard, monje budista hijo de un conocido filósofo francés Jean François Revel, asegura en este libro que la felicidad es una manera de ser, un estado permanente de bienestar que no tiene por qué ser alterado por las vicisitudes de la vida, una vez conseguido con una determinada ascesis que refiere en su libro. Y ahí es donde dudo, porque se fundamenta principalmente en una serie de ejercicios para la renuncia del ego (él personalmente se fue al Tibet hace 30 años y dice ser muy feliz),una praxis aprendida con esfuerzo y disciplina que devendría en liberadora de los "venenos mentales", que como el autor dice, es una de las causas de la desgracia.

Pero yo estoy más por la otra, por la de deshacernos de la ignorancia, "comprendiendo", como Heidegger nos enseñó, porque ese es el "carácter óntico original del ser humano", nuestra esencia es comprender, ir comprendiendo en el tiempo, en una lucha sin tregua con lo oculto inconsciente que nos lo pone muy difícil porque en él es donde residen los venenos mentales que no se dejan adiestrar por mucha voluntad que uno ponga. Pero esdedesear.