martes, 18 de enero de 2011

Libre si consciente y viceversa.

" El deseo es el apetito acompañado de la conciencia del mismo"
De Etica de Spinoza.


Este "pequeño detalle" se me había escapado a pesar de los múltiples repasos que le doy a la Ética de Spinoza. Es lo que tiene. Cuando alguien con esa cabeza habla sobre los elementos más simples de los que se compone el carácter, siempre descubres algo nuevo sobre lo que merece la pena seguir avanzando, al menos a mí, que soy tan aficionada a "remexer" (vocablo gallego que significa algo así como remexer) en las raíces de ese saco de la abundancia que llamamos espíritu.



¿Cual viene siendo el descubrimiento, el detalle escapado? : que el deseo no se diferencia del apetito (animal, institivo, inconsciente) más que en que tenemos (los hombres en exclusiva) conciencia de él. Y eso es lo que nos hace creernos libres, y por ende, serlo, porque somos lo que pensamos ¿no habíamos convenido? Conocer los deseos, reconocernos: He ahí la libertad. Eso que tantas veces repito, "lo importante es saberlo", da igual cual sea la grandeza o la vileza de nuestras confusiones, pasiones, fusiones y efusiones, emociones, disfunciones, alteraciones, disposiciones, concepciones, sensaciones, dilaciones, expansiones, ilusiones, opciones, sanciones, distracciones, maldiciones, prevaricaciones... contracciones (¿cervicales?), lo importante es saberlo. Lo siento, solo en eso consiste la libertad, pero no es moco de pavo conseguirla, sin embargo.



Así que voy a transcribir algunos fragmentos de la proposición en la que Spinoza trata el tema, porque creo que seguiré hablando de ello un tiempo.


Parte tercera. Del orígen y naturaleza de los afectos.

Proposición II.

"Ni el cuerpo puede determinar al alma a pensar, ni el alma puede determinar al cuerpo al movimiento ni al reposo, ni a otra cosa alguna (si la hay)

(...) Sigue una Demostración de las que acostumbra a hacer. Y en el final del Escolio... suelta este
bombazo:

De modo que la experiencia misma, no menos claramente que la razón, enseña que los hombres creen ser libres sólo a causa de que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas que las determinan, y además porque las decisiones del alma no son otra cosa que los apetitos mismos, y varían según la diversa disposición del cuerpo, pues cada cual se comporta según su afecto, y quienes padecen conflicto entre afectos contrarios no saben lo que quieren, y quienes carecen de afecto son impulsados acá y allá por cosas sin importancia. Todo ello muestra claramente que tanto la decisión como el apetito del alma y la determinación del cuerpo son cosas simultáneas por naturaleza, o mejor dicho son una sola y misma cosa, a la que llamamos "decisión" cuando la consideramos bajo el atributo del pensamiento y "determinación" cuando la consideramos bajo el atributo de la extensión (la materia). Continuará...



Me recuerda a algo de lo que ya habíamos hablado, sobre la determinación, en un desarrollo de Peirce que me había dado mucho que pensar: "Qué hace sólido un razonamiento". Me apetece seguir dándole unas vueltiñas a ambos. Decisiones, determinaciones, resoluciones. Y a cual sea la razón de que me guste tanto la película "Cuatro bodas y un funeral" que he visto este fin de semana por tropecienta vez. En estas estoy y esdedesear.