martes, 12 de octubre de 2010

LA VENDA IMPUESTA


Agustín Perozo Barinas

“La sociedad que no excreta, se pudre”. Nietzsche.

La verdad evidente es un leit motiv para articular temas acusatorios, la cual debe surgir a lo largo del artículo. Como aquella proposición: “¿qué es la verdad, sino una interpretación de sí misma?” Un jarrón azul, visto desde diferentes ángulos, es siempre el mismo jarrón azul. Ludwig Wittgenstein (1889-1951) expresó en 1922 que: “todo de lo que pueda pensarse, puede pensarse claramente. Todo lo que pueda decirse, puede decirse claramente.”

Al presente, la manipulación de diversas estadísticas e informaciones es tan grosera y burda en los medios de comunicación masiva, sobre todo en la prensa escrita, que fue preciso iniciar este artículo con el párrafo previo. En la sociedad dominicana se ha aberrado la sentencia de “el fin justifica los medios” a niveles inverosímiles. Nuestro país está caricaturizado como la cueva de Alí Babá. Y cito nueva vez a Voltaire: “es una comedia para el que piensa y una tragedia para el que siente.” ¡Qué festín para cleptómanos! Y los que “no son” pero los consolidan, ¿qué tipo de excreción se ha desarrollado en sus mentes? Arruinar a la Patria, conciente y voluntariamente, es traición. Y todo tipo de sustracción y latrocinio al erario público, no lo supuesto, sino lo demostrado más allá de toda duda razonable, sin maniobras y conclusiones judiciales “a la dominicana”, es felonía contra el Estado. Mantener una postura denunciatoria contra estos antinacionales es enfrentar a un buen orquestado aparato de apologistas y justificadores. Desde cronistas venales y gacetilleros cofrades del sistema, hasta funcionarios arteros que maquillan el desfalco con figuras y paquetes de ingresos ‘legales’ sin correspondencia alguna a lo que posiciones y responsabilidades similares devengan en el sector privado. Esta succión permanente de los activos del Estado y de la misma sociedad resultará en una nación inutilizada, sin arbitrios, hueca y empeñada. Mientras los escamoteadores conquisten posiciones públicas deliberativas y ejecutivas este proceso continuará hasta la inviabilidad del Estado Dominicano. Recurriendo a la verdad evidente, sin retoques transformadores ni estadísticas de fantasía, los compromisos financieros, las deudas sociales acumuladas y sus resultantes privaciones, la migración haitiana desbordante, la licencia en la metódica des-institucionalización de todo el sistema ‘ya hiper-fragmentado políticamente’ y la innegable descomposición de los valores acostumbrados de nuestra sociedad, llevan a República Dominicana al despeñadero.

El lema del escudo chileno reza “por la razón o la fuerza”. Atinadamente la razón antecede a la fuerza. Y debemos apoyar la razón con un proyecto político creíble, realizable y ético para frenar todos los punibles despropósitos de nuestra rancia clase política y con ello redefinir y redirigir la ruta que desde hace cuarenta y nueve años de forma irresponsable, indolente, rapaz, terca y temeraria estos politiqueros le han impuesto al país en complicidad con algunas cuadrillas del sector privado. Cada día los medios nos hostigan la conciencia con un escándalo nuevo de uno u otro funcionario lesionando el erario y que no sea puntualmente sancionado como establece la ley y como también sugieren la decencia, la integridad y el sentido común. Contra la denuncia responsable tienen su mandamiento: “La política es el arte de lo posible.” Eso no es política sino politiquería demagógica instrumentada, no para genuinos políticos, sino para ‘comerciantes de la política’. Si la finalidad de la política es gobernar y organizar un país, sólo con rectitud y sensatez se promoverán buenos resultados en cada gestión, no el contubernio con grupos que vulneren los legítimos intereses de la sociedad. Tenemos entonces verdades innegables y evidentes que tienen un perfil muy negativo acerca del desempeño de la clase política dominante en casi cinco décadas y cuyas consecuencias están muy claras para ver, sentir e interpretar. Lo que hemos avanzado materialmente ha tenido un costo social enorme. Y es involución de la dignidad humana. ¿Alguna duda? Recorra el país, o al menos su comunidad y perciba, razone y converse con la gente. Ellos le esclarecerán y descifrarán la realidad más allá de la duda...