jueves, 30 de septiembre de 2010

Prevenir antes que lamentar: la izquierda ausente.

"Se necesita tener el coraje de volver a a empezar desde lo poquísimo que nos ha quedado: en el caso de los partidos, del empeño de los pocos que no se han dejado fagocitar del todo por la política-espectáculo de la TV; en el caso de la teoría, del hecho de que, aunque sea poco, lo que sabemos de la izquierda es que se puede construir (refundar?) de verdad, sólo renunciando, en nombre de la esperanza, es decir, de la libertad y del respeto por todos los interlocutores del diálogo social, a toda pretensión de verdad, de objetividad y de validez probada."


Del Prefacio de Gianni Vattimo a "Una izquierda para el próximo siglo" de Richard Rorty (Título original "Achieving our Country, Forjar nuestro país".

-Entrevistadores:
Dado su lugar más o menos intermedio entre dos generaciones-como describe en "Forjar nuestro país", usted se crió en una familia de la vieja izquierda-, ¿cómo caracterizaría usted su política: vieja izquierda, nueva, o entre medias?
-Richard Rorty:
A mi me parece que el viejo izquierdismo sencillo de siempre. Fíjese en Michael Walzer, quien tiene más o menos mi edad y estudiaba con Howe en Brandeis. Creo que su forma de entender la política contemporánea y la mía son prácticamente idénticas. Él y yo nos consierábamos de izquierdas antes y después de los años sesenta, pensábamos que los comunistas son un maldito incordio del que había que deshacerse, y también creíamos que los estudiantes radicales de los sesenta eran otro incordio del que deshacerse para que la derecha no los usara contra la izquierda. Mi punto de vista a mí no me parece muy particular: es la izquierda sencilla de siempre.
De "Hacia una nueva izquierda" en "Contra los jefes, contra las oligarquías" entrevista de Derek Nystrom y Kent Puckett a Richard Rorty.

Una feliz coincidencia hizo que en el primer fin de semana de mis vacaciones la Universidad de León impartiera un curso de verano superapetecible "Los derechos humanos en el contexto de la crisis global" y de gratís, ¡se puede pedir más! Así que bajo un sol de justicia y un calor de tenteynotemenees me dediqué a reconfortarme con el saludable ejercicio de compartir ideología con un grupo numeroso de jóvenes admirablemente preparados y otros menos jóvenes asimismo competentes militantes. El curso fetén. Un repasito por el funcionamiento de la economía local e internacional con argumentaciones por fin convincentes (para mi) , hizo que pudiera despejar algunas incognitas que tenazmente se atrincheraban en la maraña de las informaciones que acumulo desde que "estalló" la crisis.

Los ponentes, catedráticos de políticas publicas, de economía, periodistas, escritores, ecologistas, brillantes en sus exposiciones, con justificadas críticas a la expansión de la actividad financiera consistente en especulación, incluída la desastrosa que se ejerce sobre las materias primas (el arroz es el alimento de la mitad del mundo), a las soluciones siempre basadas en la presión sobre los trabajadores y la moderación de los salarios, a la injusta inyección de capital a las empresas financieras mientras la FAO no consigue un duro para acometer las hambrunas de cada año, consideraciones del FMI, OCDE, BM como un constitutivos de un nuevo derecho feudal programando un golpe de estado lento, junto con el imperialismo de EEUU y el dolar, y a la quiebra de confianza en las políticas social-demócratas por el cambio de modelo de justicia social por el de la modernización y el engañoso fomento de la idea de que son los empresarios los que crean riqueza, llamada de atención sobre la desmovilización de las clases populares, la desesperanza sindical, el desmantelamiento de lo público, la manipulación mediática (no perderse las 10 Estrategias de Noam Chomsky sobre la manipulación mediática)y sobre todo la apelación a una concepción del ser humano distinta, no inclinado hacia la competitividad sino al amor y la colaboración. Una economía distinta es posible. Genial.

¡Ay! pero todo lo que sube baja, incluso en el paraíso de las ideologías. ¿Por qué de repente estamos hablando de Venezuela, de Cuba, de Brasil? ¡Nooooorrrrr! ...porque la izquierda dogmática europea ha vivido largamente con la convicción de que el imperialismo americano, y específicamente la guerra de Vietnam, justifican una actitud de total apoyo a las revoluciones comunistas de todo el mundo; primero en el caso de Rusia, obviamente, y luego en los años sesenta la china y la cubana. Caído el mito de la URSS (y derruída la URSS misma), disuelto en los horrores de la plaza de Tian An Men también el mito de China, todavía está en pie, al menos para una parte de la extrema izquierda europea, el mito de la revolución cubana... sigue Vattimo. Siempre las ideologías buscando justificaciones aquí o allá. Y qué justificación hubo para callar todo este tiempo? Para contemplar impasibles a una generación de jóvenes aburguesándose en su país mientras buscaban fuera, en ONGs y Davos múltiples, los valores que no se les ofertaban en sus universidades, en sus familias, en sus partidos políticos, y cuál nos daremos a la connivencia actual con las políticas económicas impuestas más allá de nuestras fronteras. Forjar nuestro país. Esdedesear. Porque como profetizaba Rorty en 1998:

-Entrevistadores
¿Cómo defendería usted la necesidad del reformismo pragmático contra el utopismo revolucionario?
-Richard Rorty
En el último capítulo de mi libro realicé el siguiente argumento: desde la guerra de Vietnam no ha habido ninguna crisis económica verdadera. Ha habido recesiones pero se mantuvieron dentro de ciertos límites. Los pocos disturbios que hubo tuvieron lugar en los guetos. Y éstos siempre continuarán de una forma u otra. Pero, antes o después, habrá una profunda transformación económica. En los Estados Unidos tampoco tendremos permanentemente pleno empleo, y ciertamente no al precio actual que tenemos que pagar: salarios ridículamente bajos. Europa no tendrá permanentemente una tasa de desempleo del doce por ciento. Si utilizamos la historia como directriz las cosas se pondrán muy mal. Cuando las cosas empeoran económicamente, la consecuencia puede ser la transformación repentina de las instituciones. Y también convertir la situación en un peligro para la democracia, como en el caso de Weimar. Estaría bien que los intelectuales de cada país pensasen en medidas que lo prevengan, y tuvieran preparado algo así como un movimiento político de izquierdas con propuestas concretas de solución que se puedan presentar como alternativa en la esfera pública antes de que todo esto se desplome. Si no hay un movimiento de izquierdas con propuestas concretas de solución que se puedan presentar como alternativa en la esfera pública, entonces dejamos el campo abierto a los demagogos. Creo que éste es el argumento más efectivo. Apela simplemente a los intereses propios. O nos ocupamos de antemano de la preparación de una izquierda política, o las cosas empeorarán más de lo que nunca nos hemos imaginado.
De "Los pobres son la gran mayoría" Entrevista con Ruth Sonderegger y Ralf Grötker.


P.D. Los textos están extraídos de libro publicado como "Cuidar la libertad" Edición de Eduardo Mendieta. Ed. Trotta.