viernes, 24 de septiembre de 2010

IN MEDIA VIA


Agustín Perozo Barinas

“Hay tres tipos de ciudadanos. Primeramente los ricos, que son indolentes y siempre ansían más. Luego los pobres, que no poseen nada, están cargados de celos, malquieren a aquellos, y son fácilmente manipulados por los demagogos. Entre estos dos extremos subsisten los que hacen al Estado seguro y acatan las leyes.” -Los implorantes- Eurípides (485-406 AC).

Este dramaturgo trágico griego lo escribió en el año 420 antes de Cristo y se pudiera pensar que visualizó la clase media dominicana del presente. Los ricos dominicanos, los poderosos magnates, apenas representan menos de 1% de la población. Algunos han estado envueltos en espinosos escándalos de corrupción pública y privada, como los fraudes bancarios de la década de los ochenta y en los años 2003 y 2004, evasiones fiscales, adjudicación irregular de tierras y empresas del Estado, etc. Sus inversiones son máquinas replicadoras de pobreza, con ciertas excepciones. Medio siglo de accionar libremente no ha mostrado lo contrario. Esta clase no estimulará cambios en el Estado, salvo aquellos que sirvan a sus propósitos y agendas. Y los pobres de Quisqueya que representan un 67% de la población, aquellos cuyos ingresos no les cubren adecuadamente sus necesidades básicas, siguen entrampados en un círculo vicioso de pocas oportunidades de desarrollo educativo e intelectual, inversión de valores, excesiva exposición a las disipaciones –como alcohol y narcóticos-, alta natalidad irresponsable con su condición, dependencia del paternalismo estatal y asistencialismo clientelar, dispersión y desorganización de sus fuerzas vivas, connivencia con la partidocracia tradicional... sin embargo, son el resultado de políticas erradas que evolucionan en esta execración que es la pobreza.

Y así llegamos a la clase media, segmentada en subcategorías. Pero resumido, es la clase media. Es el animal de carga para tributar. Las exenciones e incentivos a los intereses de los ricos y las nulidades e incompetencias de los pobres, se saldan en esta esfera social. Tributa más, directa e indirectamente, que los ricos o los pobres, proporcionalmente. Y es precisamente esta clase la que aún tiene una importante incidencia en transformar el manejo del Estado, si converge en un único proyecto político para fortalecerlo y materializarlo en el poder. Su nivel académico le facilita el análisis crítico y es menos vulnerable a la demagogia y sus discursos retóricos. Pero es mucho menos militante. Debe ser motivada por una fuerte descarga emocional; una propuesta que incorpore e interprete sus inquietudes y dudas. Sin clase media hay una radicalización y polarización del espectro social, lo cual dificulta el entendimiento y precipita fricciones entre ricos y pobres. La clase media es un amortiguador social. “Así está manifiesto que la mejor comunidad política está conformada de ciudadanos de la clase media; y que esos Estados son proclives a estar bien administrados en donde la clase media es amplia y más fuerte, si es posible, que las otras dos clases... Libro IV, capítulo 11, 1295b, líneas 35-37 Aristóteles (384-322 AC).

En un discurso en 1992, Bill Clinton pronunció estas palabras: “En los últimos doce años, el gobierno ha servido a los ricos y los intereses particulares. Millones de ciudadanos de clase media han pagado más al gobierno y han recibido menos en retorno. Los resultados han sido devastadores números récord de personas sin trabajo, escuelas que están fracasando, millones sin adecuados servicios de salud, y calles y vecindarios más peligrosos. Es tiempo para un cambio, tiempo para líderes decididos a aceptar responsabilidad y listos para poner el poder de la Presidencia a trabajar por la gente.” Yo añadiría: -cualquier similitud a nuestra realidad dominicana es pura coincidencia-. Necesitamos un rumbo donde el pobre aspire, y pueda, dejar de serlo; donde el rico continúe en sus bregas monetarias y afán de posesiones pero sin instituir ni fomentar la pobreza; y donde la clase media se amplíe, florezca y prospere. “La clase media, a la cual pertenecen los empleados civiles, es políticamente conciente y en la cual la educación es más prominente. Por esta razón es también el pilar del Estado, en cuanto a honestidad e inteligencia se refiere. Por lo tanto, un Estado sin una clase media se mantiene en un nivel inferior.” Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Nuestra clase media debe ser atendida con políticas puntuales donde las cargas sean distribuidas más equitativa y proporcionalmente. Y sus miembros revisar sus criterios y afinidades políticas, pues en cada elección desacertada es precisamente su propia clase la que paga más platos rotos. El rico encuentra fórmulas de enriquecerse aún más durante las crisis cíclicas y el pobre maneja, aunque penosamente, la pobreza que se le impone... Incentivos y exenciones para los ricos y asistencialismo y circo para los pobres. La clase media debe valerse por sí misma. Su aliado es ese liderazgo que interprete su contexto, entienda la necesidad social de su avance y trabaje desde el gobierno para eso.

Siempre habrán ricos y pobres. Pero no necesariamente clase media. Y lo idóneo es un modelo donde el pobre aspire, y pueda en su existencia, dejar de serlo; y el rico no fomente la pobreza, brindando buenas oportunidades de progresión con inversiones inteligentes orientadas al alto valor agregado. Esto respaldado con instituciones y leyes que, al respetarlas, puedan tener consecuencias en ese tenor, no simples enunciados. Una sociedad de pocos ricos y muchos pobres, sin la mesura social de una clase media robusta, con potencial real de crecimiento, es un escenario dantesco. ¿Alguna duda?... Favor visitar Haití. La clase media tiene una oportunidad histórica en el 2012 de reencauzar su destino. Su propia existencia está en riesgo y no hay que explayarse en ese sentido ya que cada miembro de ésta se percata de los acontecimientos actuales y sus secuelas. Y sabe que la causa de tanta descomposición está patrocinada por la Tripleta. La extirpación de este mal tripartito es improrrogable. Y cada ciudadano comprometido con República Dominicana tiene su propio bisturí para corregir el problema: su voto.