lunes, 30 de agosto de 2010

VAYA QUE LUJO



Ligia Minaya
Denver.Colorado

Si los zapatos no cuestan miles y el vestido no es de diseño exclusivo, no hay manera de vivir ir a fiestas. Nada de tener tres o cuatro pares de zapatos, ni ponerse un vestido en varias ocasiones. Pero... ¿estás loca, cómo voy a ir a dos fiestas con el mismo vestido? Tengo en mi closet sesenta pares de zapatos, cien carteras y los vestidos, blusas y faldas ni los puedo contar. Y todos exclusivos, de diseñadores famosos. Cambio mi yipeta cada dos años, aunque tenga que pedir un préstamo. Si celebro la boda de mi hija tiene que ser más cara y más lujosa que la del vecino, y ni contar los quince, nada de un bizcocho, unas canastitas y refrescos, tiene que ser en un hotel de lujo y salir en las revistas y en la televisión y deben asistir los más ricos de todo el país. ¿Las flores? Importadas de Colombia o de Perú, nada de margaritas ni rosas de Constanza. Eso ya pasó de moda. Así es, lujo escandaloso y nada más.

Modistos caros.

Diseños modernos.

Impera el negro en

los restaurantes.

Que eso es lo que va,

lo exclusivo.

Modistos caros. Diseños modernos. Impera el negro en los restaurantes. Que eso es lo que va, lo exclusivo. Si voy a salir tiene que ser a lo nuevo, a lo que está de moda, donde van los nuevos ricos, ir a un lugar desconocido, nada de eso, que me vean con mi traje comprado en el lugar más caro de la bolita del mundo. Tener dinero y no hacer alarde de él, es como no tenerlo. ¿Y el primer año del niño, o la primera comunión? Ay, mi Dios, tengo que ver lo que compró la vecina para que lo mío sea más caro. Que sepan que brillo con el lujo de una estrella, aunque para ello tenga que acudir a préstamos hipotecarios y comer basura. ¡Virgen Santísima, cuánto alarde! Y eso es lo que hay, lujo, y más lujo, sobre todo escandaloso. Con esto recordaba a un vecino en Moca que decía que sólo tenía un par de zapatos porque él solo tenía dos pies. Me gustaría que César Mella como psiquiatra y Tahira Vargas como socióloga, me dijeran qué es lo que está pasando. Cuál sería la razón o la sin razón de tanto atareo por aparentar lo máximo.Pero ahí no queda la cosa. Darle a alguien una ayuda de cien pesos, es ofenderlo. Ahora, además de que cien pesos es una chilata y no da ni para un pan de agua y un huevo sancochao, el necesitado quiere que les dé para irse al colmadón de la esquina y entrar en despilfarro. Las veces que he asistido a fiestas, me siento avergonzada con mi vestidito y mis zapaticos no muy caros, y me dan ganas de meterme en un rincón o desaparecer. Y así estamos, y así vamos. Y a Dios que nos coja confesados y a San Ramón que nos saque con bien. Y si es posible, a los políticos que nos den un poco de lo mucho que carga su barrilito, que no es cervecero como decía un comercial de los años de la nana.

Ya el tiempo de modestia y humildad han sido borrados del mapa y con ello llegó el lujo y no importa de dónde venga el dinero.

Punto y aparte: Me leí la autobiografía de Johnny Ventura y me gustó. Un Libro escrito con el corazón. Léalo, y sabrá por qué lo digo. También la Antología de Poemas de Héctor J. Díaz. Búsquelos, están en el Ministerio de Cultura.

Diario Libre Digital. SAUDACES.28 agosto 2010.