martes, 17 de agosto de 2010

SAN CRISTOBAL / David Dixon Porter/ 1846.


La ciudad de San Cristóbal, un conjunto de casitas y chozas de caña, contiene cerca de de setecientos habitantes, y tres mil quinientos en la jurisdicción-. En la población no hay mas que veinte blancos, siete décimas partes mulatos, y el resto son negros.

Está hermosamente situada enana llanura que tiene el espacio de media milla encada dirección, rodeada de latas colinas, con pasos inaccesibles; y protegida al frente por el bello río Nigua, que a veces forma una barrera impasable debido a la velocidad de la corriente. Al establecer la ciudad, no se ha adoptado sino poco o ningún plan; y cada cual levanta su casa done le parece conveniente a su gusto. Pero como están hechas de materiales muy ligeros y ordinarios pueden moverse con facilidad si se cuenta necesario hacerlo para embellecer el lugar. La calle principal, sin embargo, que parece estar hecha con alguna atención al orden, y la amplia plaza adornada con la gran iglesia de piedra son os rasgos que redimen a la ciudad.

San Cristóbal recibe una ayuda muy escasa de las pequeñas granjas del interior y las provisiones que un cristiano pudiera comer conseguirse. Aun nuestros caballos no pudieron se atendidos con comida después de un día duro de trabajo y tuvieron que contentarse con pastar la escasa yerba que una sequía de once meses había reducido a hojas muy cortas.

El lugar es sumamente saludable, fuera de la estación lluviosa, y en otras manos pronto llegaría a ser una hermosa ciudad; pero hay demasiados negros y mulatos oscuros viviendo allí para esperar mucho aumento de prosperidad, porque estoy mas que nunca convencido de que esta clase de población nunca podrá ser mucho mejor de lo que en es d al presente; y son un estorbo a la energía de quienes están dispuestos a hacer avanzar el país.

Este hecho en ninguna otra parte esta mas plenamente ilustrado que en este lugar Todos reconocen que la naturaleza lo ha hecho todo para ellos, pero nadie se atreve a decir que ha hecho algo por la naturaleza. Todos le dicen a uno (cuando se les habla de que ese requiere el trabajo para adelantar el país) que la gente es perezosa, mientras que la persona que habla con uno pede ser también tan haragana que no se alcance una silla.

Muchas de las antiguas costumbres españolas existen todavía en este lugar y una e particular, calculada para llevar al desorden. Cada hombre y muchacho lleva un largo cuchillo, que blande en todas ocasiones. Es su juguete, su compañero, sin el cual no aciertan anda; pero en momentos de cólera o de embriaguez podría llevar a temibles consecuencias. Se hace un instrumento necesario, sin embargo, cuando se viaja, como lo experimente; porque a veces es necesario abrirse camino a través de un espeso bosque donde los arbustos brotan como hongos.

Diario de una Misión Secreta a Santo Domingo 1846. Editora de Santo Domingo.1978