viernes, 13 de agosto de 2010

LIBERTAD VERSUS LIBERTINAJE


Agustín Perozo Barinas

La libertad se ha definido como la facultad del hombre para obrar de una u otra manera, o simplemente, de abstenerse. El concepto de libertad se basa esencialmente en que el hombre es responsable de sus actos. El libertinaje es, en cambio, el desenfreno en las acciones; es decir, el entregarse desordenadamente a vicios o defectos. ( Capítulo XVI, Política, Politiquería y Demagogia..1983). Augusto Pinochet Ugarte.

El ser humano nace, hipotéticamente, libre en su estado natural. Para vivir en armonía dentro de la sociedad cede algún grado de sus derechos innatos al cuerpo social estructurado en leyes que establecen los derechos y deberes de los ciudadanos y norman lo conductual. Si las instancias de la sociedad que vertebran, administran y aplican las leyes, faltan a ese acuerdo entre ésta y el individuo, o si éste falta a lo constituido, ya la conformidad inicia su retroceso. Lo acordado entre la sociedad, ya investida como la rectora de la ley, y el individuo, le garantiza a éste los albedríos pactados y encarnados en la palabra Libertad. La libertad así entendida es un logro social invaluable del ser humano. Probablemente uno de los de mayor jerarquía. Y cual es el cuadro condicional que más pone en riesgo esta conquista? El libertinaje, que es también la trasgresión y decadencia de estos preceptos. Y cómo emerge y fecunda el libertinaje? No lo hace fortuita y súbitamente. Es un proceso gradual que se ceba de la indolencia, la connivencia y la complacencia. Los patrocinadores del libertinaje individualizan cada vez más sus intereses exclusivos menoscabando la fortaleza, integridad y viabilidad de la libertad. El deterioro de la institucionalidad, que sustenta en principio las leyes, degenera en el desposeimiento de la libertad a favor del libertinaje en todo el cuerpo social. Es una descomposición lenta que toma décadas pero con inexorabilidad en sus derivaciones. Y por la apatía de algunos, causalmente pagan todos, cuando se quebranta un sistema democrático fundado en legítimas libertades, pero ya podrido en las bases que lo sustentan. Robert Marion Lafollette escribió: “Los males de la democracia, se curan con más democracia”, pero si el irrespeto a leyes justas, equitativas y equilibradas -no aquellas diseñadas e impuestas para beneficio de grupos de interés particulares-, se generaliza, esto institucionaliza el desorden y eventualmente deteriora la conservación misma de un régimen democrático cuando ya no es sostenible con manipulaciones a la gente y sus carencias.

Puede revertirse un proceso de disgregación social para preservar la democracia justa? Fortaleciendo la institucionalidad y que ésta encarne el espíritu de leyes que representen legítimos derechos y deberes de la gente. No de núcleos particulares y excluyentes. El libertinaje perfectamente puede legalizarse, no legitimarse, con leyes espurias pasadas en cámaras legislativas que representan las estructuras que florecen y prosperan en el desorden institucional en todas sus formas. Si estos poderes exceden la capacidad de control que pudieran imponer las fibras nobles del país, entonces el derrotero a la pérdida del sistema democrático es cuestión de tiempo. No es si pasará, sino cuándo. El libertinaje engendra todo tipo de corrupción, en los ámbitos público y privado, pero perturba más al público en menoscabo de las arcas públicas pues el sector privado, aunque puede convertirse en corruptor, tiene controles más eficientes para proteger su patrimonio. No así un Estado débil y permisivo y esas pérdidas las asume la gente y son acumulativas. Sin paliativos, estos pasivos se agigantan y el pago de los mismos recae en el pueblo que agravada la situación más allá de lo soportable enciende la ingobernabilidad que va creando las condiciones para la revocación del sistema democrático.

Advertir e ilustrar es un deber para los que podemos vislumbrar sin contaminaciones comprometidas lo que se fragua contra nuestro país. Como el individuo, así las naciones: si pierde la libertad económica, pierde todo lo demás. Con la notoria diferencia de que, a fin de cuentas, un individuo no es imprescindible para el pueblo, pero la Patria sí lo es. Dineros prestados que usted toma y gasta en asuntos como gastos corrientes, aquellos que no le garantizarían retorno alguno, se convierten en pasivos que son deudas a pagar. Y por qué no incluir, por necesarias que estas sean, inversiones de capital y en infraestructura sobrevaluadas? Y estos dineros tienen un costo en el tiempo. Y si esta dinámica de empréstitos sobre empréstitos excede límites prudenciales, sencillamente se sobrepasa de la capacidad de pago. Y la libertad económica se pierde, para la gente; no para los gestores del desastre que alimentan sus arcas de estos préstamos y de la misma utilización de éstos. Es un asunto de poder y dinero. Esa premisa de amar el poder per se y no el dinero, pasó a la historia. El libertinaje es una herramienta para los comerciantes de la política. Ir al Estado “para servir, no para servirse”es una ficción risible y quijotesca para esos simuladores gorrones. Para ellos el pueblo es la chusma truhanesca y sus recursos son botijas sin dueño, providencialmente destinados para un grupo de pícaros organizados en una partidocracia que debería llamarse la Triple Alianza. La democracia y la libertad que se conquistaron con la desaparición de Trujillo con sangre de tantos buenos(as) dominicanos(as) y hasta de extranjeros, hay que renovarlas otra vez por buenos(as) dominicanos(as). Aquellos(as) no dieron sus vidas para que legiones de desfalcadores del Estado se enquistaran en el poder público, como lo han hecho en casi 50 años a partir del 30 de mayo de 1961, drenando toda posibilidad de prosperidad seria y sostenible en la sociedad dominicana.

Sin embargo, la inhabilitación de la democracia no implica que necesariamente dé paso a un régimen de facto. Hay modelos modernos tan creativos que podríamos llamarlos “seudo-democracias”. Parecen lo que no son. Estos modelos permiten el ascenso y permanencia en el poder de figuras que, sin ese revestimiento y maquillaje legal proporcionado por estos modelos, bien podríamos llamarlos dictadores legalizados, ya que impulsan y utilizan medios institucionales mutilados para desarrollar programas de Gobierno de, para y por los comerciantes de la política, que nada tienen que ver con corregir las privaciones acumuladas de la gente, por más justificaciones cosméticas y estadísticas maniobradas que se presenten a la sociedad. Son aberraciones gravísimas pues pone en un limbo toda perspectiva entre lo que es legal y lo legítimo. El libertinaje permite debilitar todo lo que pudiera frenar estos objetivos degradantes que empeñan el futuro de República Dominicana. Es determinante advertir los acontecimientos con sus incidentes causales, sin ponerles o quitarles nada. Son tan evidentes que hablan por sí solos, pero hay que organizarlos en conceptos potables para su fácil digestión por el pueblo llano, que a la corta y a la larga paga las consecuencias y es la fuerza motriz de cambios correctivos, estimulados y guiados por alguien que les avive la indignación y la esperanza. Alguien que genere cohesión a la urdida dispersión de fuerzas sociales.

Con un fin: que entre la libertad versus libertinaje, sea la libertad la dominante.